Redactar es una actividad comunicativa de primer orden, que implica un estado cultural avanzado en el hombre. No es una actividad mecánica, cuyo dominio requiere sólo práctica. Tiene como finalidad producir un elemento – el escrito – que es vehículo de mensajes emanados de una persona para que sean captados por otras personas, su realización demanda un cuidadoso proceso y el empleo de elementos idóneos para tal función.
La eficacia y modernidad de lo redactado se basa en ineludibles condiciones de claridad, concisión, sencillez y originalidad.
La sencillez implica expresarse con naturalidad sin afectación, se alcanza con el empleo de palabras y frases de comprensión fácil y evitando formas rebuscadas. El rebuscamiento de un escrito se debe habitualmente a que el redactor esta mas empeñado en exhibir su originalidad o dotes de escritos que en dar fluidez y trasparencia al texto. En el escrito deben evitarse los formalismos. La sencillez imprime a la redacción un tono de veracidad expresiva que la hace efectiva y atractiva.
Se dice que es el sello que refleja la personalidad del autor. Como determinante de la personalidad creativa, significa que el redactor debe crear formas propias de pensamiento, a fin de evitar la rutina en el escrito. Al escrito hay que imponerle estilo y fuerza expresiva, en consecuencia deben eliminarse las fórmulas tradicionales. A veces se logra la originalidad simplemente recurriendo a la naturalidad y sencillez del habla cotidiana
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